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Una nueva colaboradora se une a nuestra Tribu MAMIfit, ella es una mamá primeriza y a partir de ahora nos contará desde su experiencia lo que cotidianamente vive al lado de su hija.  Ella es Nora Sinisterra, comunicadora social, y mamá tiempo completo de Antonella, una bebé de 13 meses. En su primer post nos hablará de cómo ha sido su proceso con la lactancia mixta. Para empezar nos cuenta que aún le da teta a pesar de todo (ya verán por qué este “a pesar de todo”).

Lactancia mixta si se puede…

Antonella nació por cesárea pesando 3280 gr.  y midió 50 cm. Los dos días que estuvimos en la clínica fueron geniales porque tuvimos asesoría continua en lactancia y terapia para mejorar la succión de la bebé. Yo me sentía completamente preparada para llegar a casa y darle lo mejor de mí. Me soñaba alimentándola exclusivamente con mi leche.

Cuando nos dieron de alta llegamos a casa  y empezamos ese maravilloso camino de conocernos, de aprender una de la otra, sin interrupciones, sin sentir que la teta era sólo alimento, también amor, tranquilidad, calor, bienestar, contacto piel con piel. Fueron días extenuante porque eran horas y horas de tenerla pegada a mi pecho, pero al verle su carita y tenerla tan cerca me cambiaba la perspectiva.

A los tres días empecé a sentir un leve dolor en el pezón por las pequeñas grietas que tenía y mis pechos estaban como una piedra. En ese momento llamé a mi asesora en lactancia que era la misma persona con la que había hecho los cursos psicoprofilácticos. Ella fue una bendición, me ayudó a mejorar el agarre, la posición y me hizo unos emplastos maravillosos de hierbabuena, además, me aconsejó usar pezoneras mientras me curaba,  y extraerme después de cada toma para aumentar la producción de leche.

Empecé a seguir sus recomendaciones: despertaba a Antonella cada tres horas para comer e intentaba que no durmiera mientras lo hacía. En el día todo era perfecto, pero en la noche el cansancio era excesivo y ella sólo quería dormir. Entre la angustia, como padres primerizos, seguimos las instrucciones de todos los profesionales de la salud que habíamos visto: no dejarla dormir mientras come. ¿Se imaginan esas noches y madrugadas de diciembre tan frías en Bogotá? y nosotros le quitábamos la ropa, la dejábamos en pañal y rematábamos con paños de agua fría en el cuello, intentado despertarla (ahora lo recuerdo con dolor en el alma, creo que si tuviera otro hijo no volvería a repetirlo). Pero ni con todas esas maniobras lográbamos que ella se mantuviera despierta por más de cinco minutos.

Así estuvimos el primer mes hasta la segunda visita al pediatra, donde nos indicó que debía complementarla con leche de fórmula porque no había subido el peso necesario. Yo entré en desesperación, eso no estaba dentro de mis planes. Empecé a consultar en foros de mamás, llamé a mi asesora de lactancia, investigaba todo el tiempo, y todos coincidían en que no eran compatibles tetero y teta. Decían que con el tetero los bebés perdían el gusto por la teta y como consecuencia se bajaba La producción de leche.  La conclusión de mi esposo y mía fue: el pediatra no es pro lactancia.

Me llené de miedo y empecé a complementarla, intenté todos los métodos posibles: cuchara, vaso, inyector, pero me parecían métodos complicados y Antonella no los aceptaba. Primero la pegaba horas y horas a mi pecho, para aumentar la producción de leche y después la complementaba con media onza, que restringía al máximo, ella se sentía en la gloria y, por supuesto, pedía más, pero en mi necedad volvía y le daba teta.

Los recuerdos de diciembre 2016 son confusos, llenos de cansancio, de incertidumbre y de una felicidad que no me cabía en el cuerpo. Rebobino la película y me veo el 31 de diciembre con ella todo el día pegada a mi pecho. Llegaron las 12 de la noche y el feliz año fue sentada en la sala con ella succionando desde hacía 4 horas. Recuerdo los comentarios: «eso no puede ser, otra vez pidiendo, seguro se queda con hambre» como si la teta sólo fuera eso.

Nunca quise desistir muy a pesar de lo  me decía mi mamá y mis amigas.  Recuerdo la voz de mi madre diciéndome: «no será que la niña se queda con hambre, no le debe salir mucho porque en la familia nunca fuimos lecheras» escuchar esas palabras me hacían arder por dentro, porque de todo lo que había leído y consultado concluía que no era hereditario, que la producción dependía de la succión del bebé.

En enero viajé a Cali y visité al pediatra de confianza de mi hermana, quien llegó a la misma conclusión de mi pediatra en Bogotá, pero en este caso, Antonella se estaba bajando de peso y aún no había alcanzado el peso que había perdido los primeros días. Yo salí del consultorio desconcertada y quise pedir otra opinión porque aún no podía convencerme que no podía lactarla exclusivamente. La respuesta fue la misma debía complementarla con fórmula.

Dentro de mi testarudez, consulté con otra asesora de lactancia, que mi esposo había contactado al ver mi angustia. Con ella revisamos nuevamente el agarre, la succión y la posición  y me sugirió que suspendiera la leche de fórmula, que siguiera con la extracción y, lo más importante: que me empoderara porque yo era capaz. Y así lo hice una semana, obviamente, con previa autorización del pediatra. En esas me la pasaba todo el día, entre la teta y el extractor. Cuando me sentía llena lo máximo que me sacaba eran 2 onzas de los dos lados y Antonella ya tenía dos meses. A la semana la volví a llevar al pediatra y la bebé había subía muy poco, entre broma y broma, recuerdo que me decía que mi leche era light. La asesora me decía que no me fijara en los números porque normalmente los doctores en Colombia hacían la comparación de los percentiles con tablas de niños alimentados con fórmula. Al ver mi angustia y mis ganas de dar teta, el Dr. me pidió que le hiciera unos exámenes a mi bebé para descartar cualquier enfermedad metabólica. Con el dolor del alma, la sometí a varios pinchazos, los resultados salieron negativos, ella se encontraba en perfectas condiciones. En ese momento me convencí que no podía alimentarla exclusivamente con leche materna, a lo mejor no tengo buena producción, mi mente me jugó una mala pasada o qué sé yo.  Seguí complementándola con leche de «tarro” volví a intentar dársela con cuchara e inyector pero ella no quería recibirla,  entonces, me despojé de miedos y tabús y llamé al coco de las mamás prolactante “el tetero”.

De esta manera continuamos hasta los tres meses, cuando en uno de los brotes de crecimiento rechazó la teta, sólo quería tetero. Esta situación no me podía vencer y recurrí a mi intuición y amor de mamá y empecé a hablarle y a conectar con ella, le expliqué que la “tética” la amaba y que era lo mejor para ella. No sé si me escuchó ella o Dios en mis oraciones y por arte de magia la volvió a preferir sobre todas las cosas.

 

Así transcurrieron los primeros 6 meses, entre ires y venires. Unas veces la amaba y otras no la quería. Pero mi amor de mamá me llenó de paciencia y decisión, hoy después de 13 meses puedo decir que tengo una «lactancia mixta exitosa» Ella idolatra su tetica, la busca cuando tiene hambre, cuando se siente feliz, cuando se siente frustrada, cuando quiere mimos, cuando tiene sueño, cuando se descubre o descubre algo nuevo del mundo; y, también, ama su tete que sólo lo pide cuando tiene hambre, ESA ES LA GRAN DIFERENCIA.

Para concluir este diario, mi recomendación queridas mamás,  es que si ese es tu propósito no desistas ante los obstáculos, puedes lograrlo, tal vez no es como lo soñaste pero puedes hacerlo real y hermoso. Esta es una hermosa forma de conectar con tu hijo, dale tiempo a la lactancia, te aseguro que con el tiempo lograrás disfrutarla. A mí me hubiera encantado leer o escuchar: la fórmula, el tetero y la teta pueden ser aliados, todo depende de tu dedicación, persistencia y de cuanto estás dispuesta a aguantar.

A veces concluyo que no todas las mujeres producimos la misma cantidad de leche aunque tengamos todas las ganas de hacerlo o, como dije anteriormente, la cabeza me jugó una mala pasada, pero no dejé que me ganara del todo, en medio de tanta incertidumbre creo que salí victoriosa.

“No se dejen llenar de miedo y siempre sigan su intuición”.

Escrito por, Nora Sinisterra, Comunidadora Social y Mamá de Antonella.

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